!Arco del consuelo,
parapeto de amores
y de aguacero!

Entre vestustas paredes,
entre rejas y geranios,
me adentro por tu angostura,
en verdad, siempre que paso.

Delante de la hornacina,
donde salves y plegarias,
ruegan prodigio y favor,
puse, de testigo, un verso,
cuando declare mi amor.

En el rumor de latidos,
de suspiros, y una flor,
la pasion del primer beso,
entrecortada, quedó…

Al bordón, siguió una queja,
con aires de seguidilla
y humo de taberna vieja,
ayes de traición y celos,
como cornada tremenda,
que, con saña, abrió un pellejo.

!Otra ronda tabernero!

Y empezó a cambiar el palo,
donde capote y montera,
lucieran finura y garbo.

Punteaba la guitarra;
alguien ofreció tabaco,
otro aclaró la garganta
y hubo quién rompió cantando.
Todos comieron buen queso,
mojado con vino rancio.

doctorpoeta

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