
El hambre es incompatible con el despertar de los deseos. La necesidad de esplendor, de ternura, de concordia, de probidad, de futuro, no pasan de ser viles frustraciones si el hambre no desaparece; la desgraciada realidad debe ser afrontada, espontáneamente, por una unidad de acción desinteresada y global, sin que nada ni nadie se arrogue y se jacte de su conquista. Las voces, a capela, deben ser altas y claras, como las sonrisas de un niño recién comido y preservado del sufrimiento.
Condición sine qua non es pensar, no en los chicos, sino en cada uno de los chicos, en cada una de las chicas; sobre todo, pensar
doctorpoeta
Comentarios recientes