LA PAGA FIJA
Helado, de bronce,
impávido y serio,
el prócer se arroga
muy lejos del parque.
En esto que, un banco
mojado de escarcha,
despide del borde
a tres emigrantes
que siempre se paran.
Debajo del árbol,
sin hojas, ni sombra,
encienden cigarros
cuando se levantan.
Están tan pelados,
el árbol, la plaza,
los bares, las misas,
las tiendas de pizzas,
que cierran quioscos
por no vender nada.
¡Se escucha la arenga
de algún ciudadano
que no trae paraguas
y va tan calado,
que casi me pisa
sin ver mis zapatos!
Se mueren de risa
y aún no han violado…
¡Insólito invierno!
¿Tal vez en verano, vendiendo camisas?
doctorpoeta
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