En mi soto, aun tranquilo, hacia el otoño,
de los sauces, se ha caído alguna
hoja
que, vagando, como vals, al suelo llega
según furia, de ese viento de poniente.
Es lo mismo que mi alma incontinente
que, aventada por la brisa, azul del cielo,
ora, vibra, ora ama, ora pena; ora enciende
su luz, como de estrella,
y así llega; “besa el santo y pone cera”
cuando aguarda el momento de su muerte.
doctorpoeta