¿QUIÉN LOS HILOS?

Se extiende como mancha de aceite desde el “COMO DIOS MANDA”, hasta el, engañoso, “NO MANDA NI DIOS”; sin embargo, la existencia presencial de lideres, con nombres y apellidos, lleva implícito que también existe el vasallaje. Su doctrina es “LO POLÍTICAMENTE CORRECTO”, tantas veces inexplicable y que, en general, choca frontalmente con “LO ÉTICAMENTE, SOCIALMENTE , EQUILIBRADAMENTE, RACIONALMENTE ,FÁCILMENTE Y EQUITATIVAMENTE CORRECTO”. El fuelle de este preocupante movimiento, proclive a la deshumanización al pretender una «catarsis global a medida», a mi parecer y sin descartar, rotundamente, estrategias de «trastienda», podría estar accionado por reacciones de despecho ante la dificultad, imposibilidad, desidia falta de voluntad o sectarismo, por las que estas colectividades de jóvenes, ya por todo el mundo, rompen con el engranaje clásico de la ETICA DE LA NORMALIDAD, en su universal acepción: “Lo éticamente normal» les molesta hasta el punto de que, en momentos de encuentro (más bien desencuentro), el sentimiento de «ridículo» de lo ético, aislado en medio de la vorágine, se vea obligado a la paradoja de tener que “pedir perdón”.

Alentaría su irrupción la incidencia de múltiples factores culturales, filosóficos, políticos, sociológicos, económicos y su disfunción. El abuso de alcohol, la drogadicción, los desequilibrios en la alimentación, el esnobismo, el sexo como artículo de consumo, e incluso el mobbing, las amenazas y los escraches  han de considerarse como armas coactivas, verdaderas “espinas irritativas”, de lo que claramente se deduce que su liturgia es la perversión.

El desequilibrio emocional, desencadenado por una existencia tóxica, juega un papel importante en su proceso expansivo: el desarraigo familiar e institucional, frustraciones y fracasos, debilidad de los estímulos vitales, el paro y falta de expectativas, el futuro incierto que implica falta de proyectos, ridículas subvenciones que, sin embargo despiertan acomodación y otros muchas  circunstancias por referir.

El diagnóstico adecuado facilitaría el pronóstico, así como el tratamiento, pero el problema fundamental radica en la negativa del “paciente” porque no se siente “enfermo” sino que la gravedad la padece la sociedad “asfixiantemente normal”.

Mi reflexión me lleva a la tranquilidad recordando la historia de tantos movimientos sociales aparecidos, cuando menos extravagantes, como protesta al status vigente en cada momento, porque todos tuvieron un recorrido, universalmente limitado, si bien, nunca se vieron desalojados de su espacio: algunos aún en vigencia y, otros muchos, archivados en el disco duro de la Sociología. Ocurre que, este espacio aludido, en la época que nos ocupa, y debido a los avances tecnológicos, no sólo se amplía sino que también se va infiltrando por la Humanidad de manera brutalmente desmesurada y peligrosamente imprevisible .

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros

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