
GACETA DE LA MAÑANA
Llegan a mi evocación,
con toda afabilidad,
las vivencias y el bureo
por aquellos lavaderos
de usufructo vecinal.
Yo era un niño, como aquellos,
que agarrábamos de un asa
las canastas de los trapos,
rebosantes de ilusión e interés
por ayudar.
Después de pedir la vez,
para una piedra ocupar,
en una nos situamos
y, al tiempo de restregar,
de casi todo se hablaba,
sobre todo al estrujar.
Verdad que algunas cantaban.
pero, con ganas, se hablaba
los temas de la actualidad:
De vecinas y vecinos,
que unos vienen y otros van;
de los primos de Alemania,
que, en verano, volverán;
se casa un «mocico viejo»
e intereses mediarán.
De viudas, que aún lozanas,
pronto el velo dejarán;
de los rezos, de los muertos
y si alguien faltará.
Del bendito cura nuevo,
y su corto predicar;
para confesar, un cielo
pues “lavaba” lo proscrito,
lo mortal, o venial,
con una salve, dos credos
y obras de caridad.
Y después de todo esto,
y de otras muchas cosas más,
fueran mentira o verdad,
(casi siempre exageradas)
a ruegos de mi criada,
yo me dispuse a frotar:
Primero unos calcetines;
¿ya estaban limpias las bragas?
tal vez precisaran más…
¡Y así subió mi autoestima
hasta el evo sideral
doctorpoeta
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