FAMILIA HOMOSEXUAL: Enfoque pediátrico de una realidad

Denominada homoparental, en el caso de dos hombres homosexuales, u homomaternal, en el caso de dos mujeres homosexuales, que adoptan un hijo o que lo conciben mediante reproducción asistida o subrogación (útero de alquiler).
Nunca, los homosexuales habían sido aceptados y respetados como en la actualidad perdiéndose, casi en su totalidad, el etiquetaje negativo de estas personas, así como su aislamiento del grupo social. Por ello, es de importancia vital que sobre estas familias no recaigan problemas inherentes a su situación.
Desde un punto de vista pediátrico, interesa establecer en cada caso el ajuste emocional para que, la percepción social de estas realidades, no influya de forma lesiva sobre la aceptación y convivencia.
No existen estadísticas en nuestro entorno sobre el tanto por ciento de niños que experimentan su desarrollo en familias homosexuales si bien se estima que en el mundo unos 7-8 millones de niños tienen padres gays o madres lesbianas y que las actitudes parentales no difieren mucho de las de padres o madres heterosexuales en cuanto a cuidados, cariño y formación.
Estos niños tampoco están más expuestos a abusos sexuales que aquellos criados en familias heterosexuales, aunque debido a los estereotipos negativos que aún puedan pesar sobre estas personas, siguen emitiéndose opiniones sobre el mayor riesgo de pedofilia, desarraigo y ajuste psicosocial, en general, sin base argumental alguna.
También se ha demostrado que su tendencia sexual no va a estar condicionada por la de sus padres, sin diferir estadísticamente de la que presentan los de familias heterosexuales.
Es muy importante que el desarrollo de estas criaturas progrese en un ambiente de máxima naturalidad, por lo que las eclosiones de proselitismo histriónico podrían provocarles reacciones de discriminación, tanto positiva como negativa.
En definitiva, los desajustes en la integración dependen, de un lado, de la forma de ejercer la pareja esta función atendiendo a la idiosincrasia individual de cada persona, sea homo o heterosexual y, lo que es más preocupante, del rechazo social que persiste, aunque con trayectoria decreciente, por el que burlas, aislamiento, discriminación, etc. puedan provocar trastornos de índole psicosomático, con la obligación dar respuesta clínica, social y educacional, quienes tenemos que asumir esa responsabilidad.

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
 
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