LA PRIMERA MARAVILLA DEL MUNDO
Encantadora mujer
que, por amor, vida albergas,
das el pecho a saciedad,
lo partes, al trabajar
y poco elogiado, es tu gesto.
Tu piso está reluciente;
nadie te ayuda a cargar,
con las compras más urgentes;
ni la fregona, estrujar,
ni quitar polvo a los muebles.
Presa fácil de atentado,
por la ira y sinrazón.
Nada eficaz la reacción;
hasta hoy, no se ha implantado,
un escudo protector.
Exigir tu dignidad,
se hace un clamor, estridente;
¡Nó más trato desigual;
con arrojo, hay que luchar,
contra el silencio indecente!
doctorpoeta
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