Levante de las marismas, tu que oreas las arenas,
tú que alivias las fatigas
que, por ti, queda mi alma abierta, sedienta y hueca,
dile a tus vientos vecinos que no hay camino de vuelta.

Si habéis visto, alguna vez, a mi virgencita cerca
nunca querréis regresar, aunque borrascas, lo quieran.

Te están cantando un poema, los juncos, por las orillas
para el tiempo detener, y apreciar la maravilla. que es acojonante ver.

Por la campiña, tan verde, en la espesura de pinos quiebran la calma los trinos.

Sin que alguien note «ná», los relojes se detienen, porque la virgen prefiere, los minutos desahogar.

El camino es conocido. Está retirado el mar; tampoco existen fronteras;
la jaca se espoleará, para llegar a la plaza antes que estén las demás.

Y, aunque un puente de madera, que ya cruje por su edad…

¡Lo vamos a atravesar para estar los peregrinos, con fe y con puntualidad.

¡Hay que empezar a llorar con la salve rociera que es obligación cantar!

¿Cada mayo, me traerás? ¡Que ahora vamos de vuelta tras la carreta encontrar, que allende los rebujitos, con seguridad va a estar!

doctorpoeta, tengamos la fiesta en paz.

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