
Quizás no acierte
rehuyendo de mi esencia;
regreso a mi otro yo
perseguido por el credo,
que me increpa,
e intento buscar nuevo origen
por trochas
precarias y estrechas
para escudarme
tras el broquel de la razón.
A mi paso,
armo de rigor
la estrofa intangible
hasta verla rebosar.
Pero insiste mi ánimo,
en abdicar del numen iluso
y rastreo por la mitad
de mi verdad;
ufano,
tomo el pulso del alma,
en las punzadas de la sien
y, en la maniobra,
caigo abatido
por el síncope de la vacuidad.
Antonio C. Rodríguez Armenteros
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