
Al mirarme en el espejo,
no parece que sea el mío;
¡algo pasa!..
¿es real o desvarío?;
¿envejezco? ¿soy un asco?.
Tengo estrías, menos pelo,
lumbago, cuando me agacho;
arrugas, bajo la nuez,
en la rodilla, un chasquido
y, en la otra, un pinzamiento.
Vuelvo a mirarme y me miro;
Y al remirarme, yo acepto,
que soy un mundo por hacer,
(otra vez, porque fui hecho),
¡hecho fui!…Y, ahora, ¿maltrecho?
He de buscar solución;
al “loro”, me he de poner,
pues mis ansias de vivir,
me llevan a decidir
tomar una decisión.
¡Ni hablar de resignación!..
No tiene culpa el espejo:
lo he cambiado de rincón,
me he mirado, en otro nuevo,
y al final, me he convencido
de que sólo existe un reo:
¡el día de mi nacimiento!
Deporte, al amanecer;
tras ducharme, he de escribir,
publicar, si es menester;
y a la hora de comer,
crucial, la alimentación:
desayuno con poder,
almuerzo, para vivir;
de cena, una colación
y leche para dormir.
En la alcoba, ¡qué lugar!,
el descanso es bendición.
El cuerpo va a reposar
del trajín agotador
y el alma va a repostar,
en el límpido caudal:
del goteo de la intuición,
del grifo del discurrir,
del lago de la ilusión,
del tanque de la razón,
del reflujo al recordar
y del latido al amar.
El sexo es modulador
del instinto natural;
su uso, ¡fundamental!:
realización del amor,
que debe de perdurar,
(a demanda cada cuál).
¡Por edad, es prescripción;
de hecho, rejuvenece;
la abstinencia, sí es fatal,
porque, letal, envejece!
Y hablemos de trabajar:
privarte de una pasión
si eres desenfrenado,
llevaría a la decepción;
y por firme convicción,
hoy os puedo asegurar
que si, un niño, ha enfermado
y se ha decidido mi opción,
actuaré con entusiasmo.
Asueto, no ha de faltar;
aficiones y evasión,
son parte fundamental:
ópera, cine, teatro,
ir al fútbol y viajar.
Un devenir de ilusiones,
la actividad familiar.
Proponerse alguna meta,
te hace noble y ejemplar:
un proyecto, una pasión,
para darse a los demás,
con alma, cuerpo y sudor,
hay que intentar alcanzar.
Antonio Carlos Rodríguez Armenteros
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