
Hasta que mi resplandor ilumine el esperpento y me ayude a sortear la falsa luz, (esa borrosidad que trata de meternos por los ojos las atenciones fingidas, las cínicas sonrisas, en las que el sardonicismo apesta, los monstruos de hormigón, que parecen construidos para emparedar con refuerzos de acero, las promesas incumplidas y el odio, cuya hoguera atizada por la envidia y el empoderamiento sectario, no cesa de soltar humo y pavesas) sólo veo con claridad, en las noches de mis sueños, un sol sobre el que llegado su ocaso, aparece el orto de otro sol, en progresión, hasta que el universo deje de ser, para siempre, tétrico y aparente; eso sí, cuidando con rigor ceder a la luz de la Luna, un resquicio por el que pase, sin la pretensión de deslumbrar, aunque sí, con la clarividente misión de inspirar al poeta.
doctorpoeta
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