Y VOLVIÓ MI MARCHA ATRÁS
Amainada,
como la brisa cambiante,
mi mirada hacia tu orilla
va rolando:
no tan fija y penetrable;
ni embobada, ni sumisa,
como ayer,
cuando mi temple había sido
apocado y moldeable.
Hoy mi sueño, aunque frugal,
es dulce, sin pesadillas
y te esquivo al porfiarme.
Mas,
no adjuro de mi verdad;
de la hipnosis me despierto,
pero el ardid de tu imán
vuelve a sumirme
en el trance;
y te miro más sumiso,
con fijeza y suplicante…
Pues,
si es tu burla mi obsesión,
se hace laico mi fervor
y mi credo es adorarte,
aunque pidiendo perdón.
doctorpoeta