La palabra, inerte como el papel, cobra vida injertada en la rama frondosa del verso:
Rima, canta, sueña, ríe, llora, arremete si se excita; cuando aclama, se sonríe; se estremece cuando ama, se acalora, si es incisa.
Confiada en dar respuesta y, aunque se sienta segura, ¡la hiere la ortografía! y si, en la estrofa no afina, ¡la mata una tachadura!
doctorpoeta
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