
Hijos míos (tres luceros fulgurantes que se escaparon de un beso, tres astros siderales que, en dulce colisión, van logrando dia a día que la intensidad de su brillo deslumbre y cuatro vástagos surgidos del amor incontestable): Desde mi alma, me despierta el enorme deseo de deciros algo.
En la madrugada apacible, de un día, previsiblemente «movido», la inquietud me desvela y me arroja del lecho. Por el corredor hasta el rincón donde me resguardo para ordenar mis sentimientos, persevero en la idea de cómo estructurar forma y fondo del mensaje y de, cuándo y. de qué manera, elegir la ocasión para transmitirlo, de la manera más receptiva.
Avanzo, pasando delante de las puertas entreabiertas de vuestras alcobas y mi imaginación mantiene la esperanza de que ya, en ese momento leéis en mi mente y, antes de caer rendidos, me recibís lúcidos y prestos a escuchar mis palabras y su intención, quizá vana, volátil y anacrónica, para la atmósfera de revolución generacional, de la que,con seguridad, también respiráis. No siento frustración, sino alivio, cuando percibo que estáis sumidos en un sueño profundo y reparador que no debe ser quebrantado porque, os va a proporcionar energías renovadas para impulsar el motor de la juventud: el descanso debe ser prioritario al sobresalto brusco por mi impaciencia.
Al despertar me hallaréis en mi sillón, sumido en el borrador y pasaréis indiferentes al texto, a su intención y a su destino; pero, porque quiero que vuestro sueño futuro, emane de su estrato más profundo y el desgaste en la lucha se reponga sin pesadillas ni frustración, no cejo en el empeño y os emplazo a que sepáis, en cualquier momento y lugar, el código de conducta que he intentado aplicar en mi vida; posiblemente decidáis tener en cuenta sus consejos, y aplicarlos como formas de afrontar la vida, basadas en el «dar y recibir» para no tropezar en la impudicia. Si tomáis la decisión de involucrarlas en vuestra actitud, podríais lograr, o así lo entiendo, el blindaje de la dignidad.
Desde este contexto os invito a reflexionar, si lo tenéis a bien, sobre las siguientes máximas para que las relaciones entre vosotros y, la vuestra con los demás, se ajusten al rigor de los conceptos de la ética con la intención de que las yemas de nuestro árbol broten libres, frondosas y cargadas de frutos en una época de preocupante decadencia de los valores:
-QUE EL JUSTIPRECIO DE VUESTRO MERITO, EMANE DE LAS OBRAS Y, NUNCA DE LA ARROGANCIA
-SI TROPEZAIS DOS VECES, EN LA MISMA PIEDRA, REDUCIDLA A ARENA. SI, AÚN, TROPEZÁIS, EN LA TERCERA, OCULTAD EL PIE AMPUTADO, EN EL PEDREGAL
-SI EL AMOR, QUIERE ARRASTRARSE HACIA EL VERTEDERO DEL INSTINTO, CANALIZAD LA PASIÓN Y EVITAR FUGAS CUANDO SE DISPARE EL SENTIMIENTO.
-MERECED QUE EL PODER OS LO OTORGUEN LOS FUERTES Y, A SU VEZ, LO REVIRTÁIS EN FORTALECER AL DÉBIL.
-SI REPARTÍS TRUCANDO VUESTRO LOTE, CONVOCAD DE NUEVO LA ASAMBLEA, TRAS DEJAR AJUSTADA LA BALANZA.
-SI DESPUÉS DE CEÑIROS DE LAUREL OS LLEGA LA DERROTA, NO EMPRENDÁIS LA HUÍDA HACIA EL EXILIO Y REEMPRENDED EL CAMINO QUE FUE ANDADO.
-SI SOIS DENOSTADOS Y VUESTRA FAMA ES LIMPIA, NO CONTESTÉIS CON LADRIDOS COLOCAD LA RAZÓN, COMO ESCUDO Y, CONVENCED.
SI LA FAMA ENNEGRECE, QUE EL DEDO QUE OS SEÑALE REDIMA VUESTRA CAUSA.
-SI LA ANGUSTIA OS QUEMA EL PECHO Y UN CAUDAL DE AIRE FRESCO OS ABANICA, BUSCAD SIN DESCANSO, LA MANO INCANSABLE Y ENTREGADLE LAS LLAVES DE LA CASA.
-HACED QUE LOS SENTIDOS APLAQUEN LA SED VORAZ DE LA IMPUDICIA Y SI, ESTOS, NO TIENDEN EL CERCO, INTERPONED, COMO TRINCHERA, EL SENTIMIENTO
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-Y, EN FIN, EN EL GRAN TEATRO, SERÉIS PROTAGONISTAS SI LOS ACTOS SON VUESTROS; DE LO CONTRARIO, NO PASARÉIS DE SER UN MERO OBJETO DE LA TRAMOYA.
Antonio C Rodríguez Armenteros
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