
Pudo haber sido,
casi con seguridad,
que el esperma de mi padre,
recitando,
se plantara
ante el ovario de mi madre,
suspirando,
cuando un óvulo prendado,
puso oído.
Tras “picar” en su puerta
algún flagelo,
se coló con anhelo la cabeza
y yo huevo, embrión,
o tal vez feto, ya escribí
un primer poema a la placenta.
doctorpoeta
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