
Pudo haber sido,
creo que, con seguridad,
que el esperma de mi padre,
recitando,
se plantara ante el ovario de
mi madre, suspirando,
cuando un óvulo prendado,
puso oído.
Tras “picar” en su puerta,
algún flagelo,
se coló con anhelo la cabeza
y…
yo, ya huevo, embrión,
o, tal vez, feto,
le escribí el primer poema
a la placenta.
doctorpoeta