
Si algún día, tal vez, por contingencia imprevista, me sacaran de la tumba,
hacer constancia querría, al menos por una vez, que fui un tipo productivo.
¿Cómo lo tendría que hacer?
En mi ataúd, metería el crítico dolor de un niño, y fotos demostrarían que lo logré contener, antes de empezar el día.
En un rincón yacerían varios folios de papel, escritos por el envés, firmados con garantía, que se vinieron conmigo: fue mi última poesía.
Y, allá en mis sueños, habría, rosas rojas y un clavel…
doctorpoeta