O LA ETERNA RESURRECCIÓN

Amarte surgió de mí,

en el zénit de tu vida

y tu existencia;

mas, ahora, cuándo poco

sé de ti,

fallecida o endiosada en

el Olimpo más sagrado,

me ha llegado el usufructo

de tu herencia: 

En nuestro dulce remanso,

se concilian mis tomentos

y mareas;

me transcribes los enigmas

de mis sueños

y cuidando de mi sino, en el

fracaso,

a nombrarme tu vicario, te has

dignado.

ORFEO, músico y poeta

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