
Siempre hube entendido que el buen comunicador, ecuánime y veraz, ha de transmitir con pulcritud el comunicado y no servirse de él. Que se utiliza el dolo para su propio beneficio o para satisfacer a terceros, es una obviedad, en no pocas circunstancias. Como mentor de lo noticiable, silenciará la provisionalidad, si no la puede acreditar; tampoco «repetirá y repetirá” lo que todo el mundo sabe, sino que apostará con lealtad, sin tapujos y con elocuencia formal, por revelar con exactitud aquello que la audiencia desconoce.
La inmensa mayoría de los profesionales de la información responden con honor a los cánones de la ética, pero también es, tan notorio como indeseable, que la perversión metastatiza en muchas células de la anatomía social, sin quedar indemnes ciertos órganos del aparato informativo.
doctorpoeta
Comentarios recientes