
Ansiaría, de nuevo, adorarte a tu llegada
porque fuiste diosa que abdicó de
mi liturgia.
Abriría mi puerta a tu llamada, cuando
cansada, desnuda y desahuciada,
hasta mi amparo, llegaras
Desearía llevarte a mi jardín y sentados,
a la sombra del nogal, gozar con la libre
tesitura del mi jilguero enjaulado,
apresarte en mi pecho, sin recato, y sentir
el clamor de tus latidos
y enervarse el flujo ardiente por mis venas,
al compás de un fuerte beso y mil gemidos.
Soñaría con ver mi nombre esculpido
en la dureza infranqueable de tu alma
cementada, miserable y engreída.
Abriría…
doctorpoeta
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