¡MI VIDA POR TU ILUSIÓN!         

Entrañable “colega”: Publico mi carta abierta, con la esperanza de que te llegue su mensaje. En tal caso, si te sientes aludida en su relato, te seduce el contenido y me crees digno de merecer tu confianza, te pido colaboración en su divulgación, así como ejercer de  parte activa, si así lo estimas, en la consecución de su objetivo.

             Repruebo y maldigo a quienes instigan, fomentan y facilitan la llamada “diversión”, mediante ritos y hábitos, proclives a la adicción que  podrían llevar, así de claro, al horror de la autodestrucción; la alarma advierte pero, por desoída, enmudece y, a sus anchas,  la desolación se va a ensañar con tu pasiva inocencia.

            No duermo, ni estoy en mí: Una idea fija golpea mis sienes y me llama, sin demora, a la rebelión. Me repongo de la angustia; saco fuerzas de flaqueza y me alisto, sin retorno, al combate, empuñando con coraje el arma de la persuasión. Mi conciencia no  me perdonaría nunca la dejación de mi deber y quedarme  anclado en el lamento y la resignación. Me pregunto, ¿por qué has caído en la trampa de lo absurdo?  ¿Qué te lleva al disparate? ¿Quién te ha lanzado el anzuelo?

             Soy médico pediatra, de larga  trayectoria profesional; casualmente, tuve que atenderte en urgencias, en dos ocasiones distintas, a altas horas de la madrugada, en poco más de un mes y, curiosamente,  coincidentes con sendos “findes”. Por tu estado, poco, o nada, pudiste percibir de mi preocupación  y al alta, no coincidimos pues, la firmó un compañero. Tampoco yo, podría identificarte;  QUIÉN ERES, no lo podría saber; lo que sí sé, es QUE ERES.

             El diagnóstico, en ambos casos, fue COMA ETILICO. Tu edad, presumible por la apariencia y confirmada por filiación, TRECE  AÑOS. Derrumbado por el shock emocional, una nueva  sacudida me partió  el alma: el análisis de estupefacientes confirmó el positivo, embruteciéndose aún más, su pronóstico y mi decepción.

           Te vi  cara de «buena gente”, a pesar de tus facciones  marcadas por la tortura; mi desaliento se hizo insoportable. Demacrada, bañada en sudor frío, maloliente, sin control de esfínteres, con tufillo a alcohol y vomitera; autómata, con indómito jadeo y jerga trabada, gangosa e indescifrable ; aún así, subyacía bajo la inmundicia, la sutileza de tu rostro que me pareció lindo; tanto que maldije  la impudicia que demolió tu dignidad. 

             A resguardo de la sinrazón, refugié mi alma en la abstracción e imaginé, como si lo viviera, tu rescate por el mundo en el que el día a día debería pasar por resistir y no claudicar;  por dirigir con mesura la mente, bien informada y sólo activada con tu código intransferible: evitarías el pirateo de los peligros, que acechan, para sólo aceptar los gratos estímulos vitales  transformados en increíbles sensaciones: ilusiones, inquietudes, proyectos y sueños, serían tu bagaje, en aras de la libertad. Rescatarías lo cotidiano, que pasaría por ese apego irrevocable, al suave compañero de las noches, tu  peluche, al que miman tus sueños;  por tu fiel, y traviesa, mascota;  por los juegos, bailes y aficiones; por la música y canciones; por las calificaciones de final de curso; por el galope del corazón, cuando en tu preciosa edad, una mirada,  un piropo, o un suspiro, te sacarían los colores; por la entrega y comprensión de tus padres, hermanos, familia y amigos y el cariño rebosante de unos seres adorables…

           Inicia, cuánto antes, tu viaje para aliarte con la, simplista, felicidad de un día sin estrépito. Mi ilusión, te aguarda, en destino.

            Tu interés por la Lengua te habilita para que, antes de iniciada la marcha, realices un análisis exhaustivo, tanto de la estructura, como de la  esencia de mi enlace; si respondes picando “me gusta”, yo reaccionaré con un ardiente corazón. Comparte la conversación con  quienes ocupan el centro de tu alma, incluido el rubio colega del pupitre de atrás que, me consta, te “mola mogollón»

             Te veo dando, con firmeza, el primer  paso;  el trayecto está expedito y, con sed, vivo la espera.

              Celebrando tu llegada en el sitio habitual, hablamos, en vuestra jerga, de futuro y libertad, entre risas y algaradas; el «ginger ale» lo pones tú y la comida entre todos; la música, a discreción .Y cuando el sueño me asalta, avanzado el glorioso reencuentro, me envaino el alma y a la luz de las estrellas, llama el móvil, desde casa …

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.