22 DE SEPTIEMBRE Y EL EQUINOCCIO DE OTOÑO

Se refiere al día en que LA DURACIÓN DE LA NOCHE SE IGUALA A LA DEL DÍA (en el equinoccio de primavera, 21 de marzo, LA DURACIÓN DEL DÍA SE IGUALA A LA DE LA NOCHE) porque el sol, en su traslación, pasa exactamente por encima del ecuador; el resto de las noches, en el hemisferio norte, comenzarán a ser más largas a partir de este advenimiento, se van acortando progresivamente los días hasta pasado el invierno. Tiene lugar el 22 o 23 de Septiembre, por la distinta situación de los países. Salvo inclemencias, contemplar el cielo de esa nochpe es gozar de un increíble  «broche de oro» del verano, presentando el cielo, habitualmente, una  LUNA LLENA (Luna de la «cosecha») portentosa, evento astronómico que suele  asociarse al brillo de las estrellas más intenso de todo el año, derroche energético, no exento de melancolía. La estación estival, plena de calor, luz, flores y alegría, entrega el testigo a otra que se enfría, más umbría, de hojas secas y jardines y campos, afligidos.

Los equinoccios, al ser períodos de transición, influyen en nuestro biorritmo y por lo tanto, en el ánimo y temperamento. Es fundamental la adaptación progresiva a los cambios que comienzan y prevenir lo imprevisible dándonos un tiempo para pensar cómo afrontar lo que va llegando. ¡Atentos a la patología viral oportunista en un ambiente de «alboroto inmunológico»!

Por un feliz y prometedor otoño.

Llega el viento

y puede que aun,

con recuerdos de mayo,

empiezan a faltar promesas.

doctorpoeta, feliz igualdad

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