PESADILLA EN EL SESTEO
Me llega la reflexión y enmudece mi silencio; reconozco mi ignorancia al imaginar quién, o quienes, habrían tenido la deferencia de pararse a leer mi losa amablemente “donada” por el seguro de decesos. Como el “quién” no importaría, el “qué” me podría atraer y comienzo a percibir, además de la triste flor, ajada y sin olor, por el furor del sol que más calienta, pajiza, decolorada y okupa del anaquel, algún respiro vital con el rezo improvisado de un padrenuestro frugal, con el piadoso interés de sacar del candelero aquellos pecados buenos, no del todo perdonados, porque el cura, no tragó.
Cuando el ritual cesó, el silencio habló conmigo, resucitado me vi, dignamente reencarnado y con esa sensación furtiva de «acertar la primitiva». Todo un final feliz del viaje imaginario, desde el ser hasta la nada, en esta primera vez, cuya historia novelada, casi nadie va a creer y, tras eso, desperté
Feliz tarde, desde la sobremesa de una merienda ligera.
doctorpoeta