
Es honrado quien impone su relato de lealtad: claro, conciso y sin ambages; elige la guía de la justicia para el discurrir de su intención y evita la “retórica del embeleso”.
Habrá asertividad si procede del formalismo razonable y razonado; de mirar y ser mirado; de escuchar y ser oído; de sentir y ser sentido (mucho cuenta el sentimiento)
Son un lastre el ventajismo, la ocasión aprovechada, el probar “a ver qué pasa” y blandir una ocurrencia, como “la larga cambiada» en salón porque allí no llega el toro.
doctorpoeta
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