
Pasado el abrevadero,
mi recelo se supera,
cuando singlando me llevas
por delante del sonido,
pero la luz va primera.
Sólo a un lustro de su alcance
las riendas, tú, vas llevando;
en la grupa, van suspiros;
mis manos rodean tu talle,
tu cabello, blande al aire,
suelto, lacio e indomable.
Antes de alcanzar el carro,
lo mesaré con mis dedos
para aplacar tu semblante
y una estrella, abordaremos
¡aquella, de más realce!
Gravitaremos con ella,
avanzando, en bello trance,
lejos del abrevadero,
¡antes que su luz se apague!.
doctorpoeta