
Los más afectados suelen ser los menores de 3 años y de ellos, con más frecuencia y riesgo, en los menores de 12 meses.
Tanto el zarandeo, como el golpe, causan lesiones de localización, envergadura y pronóstico imprevisibles, dependiendo de la agresividad y energía con las que se asesta.
En la sacudida, movimiento brusco que, al ocurrir de forma inesperada, queda bloqueado el reflejo antagonista de defensa por los músculos del cuello y la cabeza sufre vaivenes violentos, generalmente como represalia al llanto inconsolable y menos probable, de manera accidental.
Se diagnostican, como consecuencia de estas abominables prácticas (muchas veces llevadas a cabo bajo los efectos del alcohol, drogas y/o desequilibrios emocionales), casos de hemorragias y hematomas cerebrales, de distintas localizaciones; también la hemorragia retiniana, con alta probabilidad de dejar secuelas neurológicas y visuales permanentes; la incidencia de fallecimientos está en función de la gravedad de las lesiones y de la rapidez de su abordaje quirúrgico.
doctorpoeta
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