EL BIENESTAR DE LOS NIÑOS

Ser pediatra significa que su actividad ha de plantearse de manera distinta a la habitual, en Medicina. El médico, en sentido amplio, tiene como objetivo conseguir la curación o moderar los efectos de la agresión, a quienes las sufren. Lo que hace peculiar al pediatra es la estrategia a asumir para lograr alcanzar, con éxito, el objetivo.
Su paciente, el niño, posee una idiosincrasia peculiar por lo que hay que plantear, la esencial relación médico-enfermo, desde esta perspectiva. Los adultos acuden al médico cuando enferman; en cambio los niños son llevados al pediatra, no sólo si padecen alteración de su estado de salud sino, también, en estado de normalidad porque es necesario vigilar si su desarrollo físico, o psicológico, marcha por parámetros correctos; así como aconsejar sobre alimentación, higiene, prevención, etc.

Comunicarse con el niño, en sus diferentes edades, es fundamental para que el acto médico se optimice y sea, verdaderamente, eficaz. La aptitud emocional del pediatra, que, para mí, es innata y. no todos aunque sean magníficos profesionales la poseen, es imprescindible para que llegue, a buen puerto, el objetivo del acto pediátrico y, por ende, llegar a una conclusión convincente. Llegar a la necesaria empatía, pediatra-niño, quizá no sea fácil, pero tampoco difícil; a veces puede ser complicado, pero casi nunca imposible. No es cuestión de técnicas ni protocolos; depende, primero, de la capacidad de adaptación del médico a su paciente teniendo en cuenta edad, estado clínico y síntomas, temperamento, sobreprotección y otras prácticas inadecuadas que puedan incidir sobre la salud del pequeño, como los factores ambientales y socio-culturales del entorno y segundo, de la contrapartida de adaptación del paciente a su médico, hecho que cuando aparece fluye de una cualidad innata que, en general, debe aportar el pediatra; ni más ni menos que ARTE. Por lo tanto para mí, un buen pediatra, no sólo debe ser experto y buen científico, sino también artista. Y la capacidad artística de las personas, está marcada en los genes.

Para concluir, en el acto médico del pediatra, no van a faltar conocimiento, mundología, paciencia, para con el niño para con sus familiares y para consigo mismo; en muchas ocasiones, se presenta la situación de tener que ser más médico de los padres que del propio niño y, con seguridad, siempre va a aparecer la reconocida vena artística, imprescindible en el quehacer de estos admirados profesionales.

doctorpoeta

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