
Los niños de maduración normal, suelen manifestar su entusiasmo por determinados juguetes y regalos. Sin embargo, se desvirtúa cuando éstos se le acumulan. El exceso es proclive a crearles una personalidad egoísta y caprichosa, que suele extrapolarse a la edad adulta, en la que los problemas de consumismo y frustración podrían incidir negativamente en la vida afectiva.
Es tremendamente nocivo querer compensar, con juguetes sofisticados y valiosos, el desapego y la conducta negligente de un buen número de padres, hacia sus hijos.
El acabado del juguete, con asombrosos efectos tecnológicos, frena e incluso bloquea el desarrollo imaginativo del pequeño, con unas consecuencias imprevisibles; el beneficio aparece cuando utiliza los más sencillos, aquellos o aquél, que más estimulan la mente, terminando por ser los más apreciado. “Un juguete, una vivencia positiva”, debería ser el objetivo.
Fomentarles la lectura, la actividad creativa y las experiencias al aire libre, serían las mejores decisiones de obsequiarlo para no desviar su normal maduración.
doctorpoeta
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