
Los niños narcisistas se sienten ubicados en otra galaxia y necesitan ser admirados; engreídos de superioridad les conduce a comportamientos agresivos y acosadores. Lo pasan muy mal cuando las cosas se les tuercen. Se arrogan el derecho de controlar y dirigir la vida de quienes le rodean, colocándose siempre en el centro de la atención. Perciben, como un “hachazo” en su ego, cuando se les ignora. Les provoca pánico sentirse débiles o mostrar fragilidad porque, en su interior, ellos sienten derrumbada su propia autoestima y hacen lo posible por ocultarlo en escena, aunque se les nota, con claridad; por ello, los niños y adolescentes soberbios suelen ser inestables, mentirosos y poco fiables.
Sus comportamientos son arrogantes, soberbios, faltos de empatía, colocando en una nebulosa el sentido común. Utilizan un relato que tiende a la tozudez autorreferencial, con inevitable necesidad de admiración rodeándose habitualmente de una “claque” de cobistas y palmeros.La reparación de este trastorno, basada en técnicas de psicoterapia, “curas de humildad”, presenta la dificultad de que el narcisista nunca va a asumir que tiene un problema, por lo que evita cualquier recomendación de tratamiento.
El pediatra debe asumir la responsabilidad de un diagnóstico certero y el posterior asesoramiento con el objetivo de facilitar la convivencia; llega a ser insoportable convivir con una persona convencida de que, por ser más guapo, “siempre lleva razón”. La actuación temprana, también, podría evitar total o parcialmente, la prolongación del cuadro en la edad adulta.Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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