
EL “TE QUIERO” MÁS SINCERO
Te propuse una moción:
¿Podríamos jugar tú y yo, avanzando de rodillas por el largo corredor? Genuflexos, comedidos, buscando en el recorrido, un recóndito rincón; no se oyó la letanía, ni arrastrar ninguna silla, ni jugar con el balón, aunque se escapó un suspiro de aquel beso redentor; el gato se acurrucó pero, tu hermano escondido detrás del aparador, vio que aquello no era juego: alzando su grito al cielo, endemoniado salió:
¡Tenéis que pedir perdón y un amén, que se incluiría!
El borrón y cuenta nueva fue acordado por los dos cuando el gato sonreía esperando un atracón: y, levantado el castigo para ir a merendar, maullaba y se relamía porque hacia porche volvimos con bocatas de jamón, una lata de sardinas y cantando una canción.
doctorpoeta
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