¡YA MISMO!

La respuesta rápida, sumisa, automática, sin opción de réplica al, llamado, ”imperativo categórico” (“exigencia indiscutible”), sigue existiendo en aquellas sociedades proclives al servilismo, donde permanece instituido como norma ética de obligado cumplimiento.
El “sí bwana”, no es un tópico, sino una reacción de vasallaje, automática, con bloqueo absoluto de la capacidad de análisis para decidir, si la demanda, se satisface, sin más, o se posterga, por revocación, alegación, o limitación. Esta forma de “rebajarse” está vigente, con consistencia ética, en sociedades moldeables o supersticiosas, donde tiene más cabida, lo dogmático que lo pragmático y por lo tanto, más expuestas a la conducción dirigida del pensamiento. Así, en mentes con poco hervor, se va inculcando, de manera continuada y subliminar, la “doctrina” de la sumisión: el “ordeno y mando” del, paradigmático, ente superior y casi siempre, de sublime condición. (“A fulano, le firmo yo, en blanco”) (“Lo hago, porque, lo que me pide, va a misa”)
Kant, se convence de que todo lo que obliga, sin opción a réplica, rebasa la línea roja de la ética. Por ello, acaba enmarcando, dentro de su espacio, solo aquello que pueda ser susceptible de debatirse, apelarse y sujetarse a condiciones: “Ayuda a los demás, si quieres tener amigos”. ”Piensa, antes de firmar”. “Yo no acato por las buenas; me lo explicas, lo valoro y decido”. Lo inapelable, quedaría desvinculado, no sólo de lo ético, sino también, de lo estético.
En mi opinión, la mayor fuerza para restablecer la ética, allá donde no existe, sería, ni más ni menos, que ”educar, educar, educar y educar” para, sacar de la inercia, la capacidad de discernir, para el desmontaje de mitos, supersticiones, ritos, magia, ocultismo, poder, omertá, miedo, fanatismo. No cabe duda de que, la educación, sería, el arma de mayor alcance, para lograr la nivelación social. Sería imprescindible, la disposición consensuada, irrevocable y universal, para dirimir estrategias, en un contexto de asepsia política, donde los planes educativos, se conciban para iluminar la mente y, no, para lavarla.

doctorpoeta

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