Vivo el terror del ensueño
y retumba
mi sangre palpitante.
Amor mío,
tras tu huída, no te siento
y los gritos me enmudecen,
de llamarte.
Bien amada,
que, a mi drama no respondes
y te place
ser tu otra ante mi trance.
Risa y burlas,
remueven, con tu plante,
el guiñapo,
que repta suplicante.
Quién te llama es mi miedo,
acorralado,
por la indómita fiera
que me acecha;
quedo inmóvil, tullido, troceado,
y mis fauces,
afónicas, se secan
y mis voces, confiscadas,
en el cuello,
no recalan en tu ámbito
escondido.
Ladra, infame, la jauría
que me acorrala
e nfectado por la afrenta
está mi sino…
“¡No es rugido de dolor,
es mi ronquido
que, aliado, con mi causa, me despierta!”;
y, en mi frente, el sudor frío
se calienta,
enjugado por tu mano y su caricia.
Un adagio
me consigna a la delicia
de tus labios,
que porfían con los míos;
tus palabras,
musitando de pasión,
cosquillean en mi desvelo y mis oídos.
-¡Nada me aleja de tí;
contigo vivo la dicha;
blanquea el alba y mi sentir!
¡ Vida mía,… buenos días!
doctorpoeta
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