Hay un banco en aquel parque,
donde el amor se sentaba, para pactar la pasión.
Aquellos, que lo gozaban, casi todos faltan, ya.
Quedaron nombres grabados, en un tronco de abedul,
para constancia, dejar, de la pareja entregada;
así lo hicimos tú y yo.
Y dondequiera que estemos la memoria surgirá
y muy bien describirá si el adiós fue con motivo.
Donde quiera que ahora estemos,
quedó en las mentes, cosido, aquel pormenor surgido…
¿Qué fue de aquella canción
que siempre tarareabas, entre suspiros y abrazos
y que, en la radio, se oyó
con frecuencia inusitada?
Es que, aquello tan perfecto, también cometió un error,
con un, contundente, efecto.
Siempre quedó una canción, en la ruptura imprevista;
en el estanque del pueblo, beben agua los vencejos;
la pintura de grafiti, que recordaba una fecha,
y persiste, inadvertida, para las gentes de allá;
una promesa fallida, que no se pudo cumplir;
las tizas en mi bolsillo; el desamor de aquel film,
que a sollozos, terminó;
las notas de una canción; lindas novelas leídas,
donde triunfaba el amor…
¿La pasión, ya derribada, tal vez se levantará?
¿Se subsanará el error, al cantar nuestra canción,
aunque ya resulte vieja?
Mas, cuando el bien se reencuentra,
queda el mal que, siempre, acecha.
¡Beben agua los vencejos en el estanque del pueblo!
doctorpoeta
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