
¡CÓMO ALIVIAN TUS PALABRAS, QUE DE ABRIL, SIEMPRE ME HABLAN!
Es inútil, el intento de rimar, el rigor de las nevadas, con la fresca blancura de tus manos, que acarician el verdor
del prado y la afable sensación del sol, que sale. Con las yemas de tus dedos, que se deslizan, curiosas, por el laberinto
grabado en la corteza del sauce.
Aventurado sería insertar en el poema, el candor de los racimos de sus flores, de textura de algodón, entre los pasos de
vals de las ramas e imposible sería, componer nuestros jadeos, arrancados del amor, bajo el palio afrodisíaco de su
sombra.
¡Nos recluye la borrasca, pero, eso sí, es el momento ideal para, sentados ante el hogar, tomar buena nota de la primavera de tus susurros!
doctorpoeta
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