
HABLAR
Ciertos prebostes de la pseudopolítica, obsesionados con la vindicación de sus “lenguas autóctonas”, (en concreto, las que conviven con el castellano están dotadas, entre otros muchos atributos, de una extraordinaria belleza en la estructura y en la dicción), las comprometen en un envite de absurda y perjudicial sobreprotección; las llevan en parihuelas enarbolando la bandera de, no se sabe qué clase de exaltación.
Involucrar pragmatismo con costumbrismo es transformar la bendición de una simbiosis, en la maldición de una parasitosis. La belleza, utilidad y riqueza del lenguaje brota en la espontaneidad de la vida aséptica tradicional. Ahí está la verdadera consolidación de un intercambio saludable; todo lo demás son paparruchas o, lo que es peor, intereses espurios. ¡Diantres!
doctorpoeta
Comentarios recientes