ESPAÑA: UN SUICIDIO CONSUMADO, CADA 12 HORAS; UN INTENTO DE SUICIDIO, CADA 6 HORAS

En la historia de niños y jóvenes que fallecen por suicidio, casi siempre se descubren datos clínicos por consultas previas relacionadas con desequilibrios emocionales en grado, trascendencia y circunstancias variables por lo que disponer de una base de datos protocolizada de los factores de riesgo, podría ser muy útil para disponer de una estrategia, lo más eficiente posible. Cierto es que existen casos, llamados inexplicables y sin patología previa contrastada que, sin embargo, requerirían de un exhaustivo rastreo retrospectivo por el ámbito existencial del fallecido para colaborar en las actuaciones de prevención.

Hasta el momento podrían establecerse como factores predisponentes de la idea o voluntad de suicidio, para cualquier grupo de edad, incluidos los ancianos y su creciente soledad :

-Enfermedades psiquiátricas de alto riesgo, como la depresión mayor, la más frecuente junto a la patología derivada del trastorno bipolar; el abuso de alcohol y estupefacientes, el comportamiento aberrante, la esquizofrenia y ciertos trastornos de la personalidad.

-Factores de estrés ambiental en un contexto de familia tóxica (altercados recientes, muerte de algún allegado, sobre todo por suicidio, abusos sexual o físico); estrés de grupo (fracaso amoroso, despecho, aislamiento, humillación, mobbing y otras agresiones físicas); dificultad de aprendizaje y fracaso escolar o académico; problemas legales y disciplinarios; vida caótica)

-Disminución o carencia de las capacidades de comunicación, de adaptación y de superación de problemas.

La decisión de suicidio se acompaña de un ritual, muy presente en los estados de psicosis y drogadicción, para elegir meticulosamente una “modalidad” que impida “ser salvado”, así como un “sistema” que sea “infalible”. Llama la atención que la decisión se toma por una motivación altruista (“muerto el perro, se acabó la rabia”) precedida por gran agresividad y desesperación.

La percepción clínica de riesgo, aunque relativa, debe ser motivo de ingreso en la Unidad Especializada de Salud Mental Infantil. El seguimiento ambulatorio debe llevarse a cabo desde la cercanía localizada, con inmediato acuse de recibo, por parte de las personas advertidas, de algún cambio aparecido; las citas de evaluación presencial deben programarse a criterios del facultativo: la falta de asistencia a alguna de ellas, implica alto riesgo que exige la inmediata localización. El apoyo social, legal y, en su caso, familiar son indispensables para cada actuación individualizada. Los fármacos antidepresivos demuestran eficacia en muchos casos, aunque las dosis deben ofrecerse exactas para cada momento, evitando la ocasión de ingesta masiva. En casa deben desaparecer aquellos objetos o artilugios que podrían utilizarse en la consumación de estos desenlaces.

La divulgación formativa del presente artículo pretende, concienciar, sobre esta miserable realidad, en un intento de proteger, a un vulnerable 70 % de la población mundial, contra esta verdadera “pandemia”. Por mi parte, si consiguiera UNA SÓLA SALVACIÓN con mi encarecida advertencia, sería suficiente para sentirme el médico más realizado del orbe; lo juro.

TELÉFONO DE LA ESPERANZA:

717 003 717  «EL SUICIDIO NUNCA ES SOLUCIÓN; ES DARLE LA RAZÓN A LA CRUELDAD DEL MUNDO»

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros

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