
OBITUARIO
¡Vaya pinta que presento cuando, a funeral pasado, palidito y más delgado, avanzo moviendo el rabo, con boina, pantalón y una blusa «fosforito»!
En la cola del infierno, taciturno y mosqueado pidiendo turno me planto y por trances de la bulla ahora llevo un cuerno roto; se compensan mis defensas, porque el otro, bien plantado, contra el «aire» de un fulano se abalanza con bravura, endosándole un puntazo; en sedal, una cornada y en la tibia, una fisura.
Tras la reja, que se entibia, el diablo ojo guiñado me sonríe muy socarrón tras haber parado un rato, para fumarse un habano, de arrimar leña a la hoguera de un distinguido hampón que ya huele a achicharrado. Seleccionado, me creo, y hacia los hierros me acerco; una “dama” displicente, de indecencia presumiendo, me dirige un “mal de ojo”, mira al suelo y, arrojándome veneno, alza la mirada al frente para “largarme” a la cara, punteando con el dedo: ¡vete al Cielo, que eres bueno y los fachas no se queman; quieres colarte el primero, para asarte en la caldera por linaje y privilegio, queriendo pasar por malo. ¡Joder, en tu vil nación me cago!
Pensando en salir corriendo, decidí con más criterio, acercarme al Purgatorio, donde hay censo de abuelos que, hechos a las putadas, lo tienen como relax; para la ficha de entrada, en un visible apartado, de mi muerte hube de hablar: fue cristiana y natural; la verdad que un poco rara, tras haberme vacunado y de varias eutanasias, de las que logré escapar; pero, ahora, aquí me encuentro.
Y, tal vez, de pertinaz, ha pecado mi relato que pudiendo ser real, tiene de ficticio un rato, aunque, dado a interpretar…
doctorpoeta; recostado en el sofá, a la hora dela siesta, duerme descansando en paz. Después, en la playa queda…
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