Por ahora,

no nos queda más opción 

que soportar las soflamas sin

peana

y sin fuste ornamental:

Voces tristes, sin decoro

ni rigor gramatical;

leyes turbias, insolentes,

imprecisas, maniqueas

que, de improviso, colaron, 

sin, a expertos, consultar.

Nunca aducen que, quizás,

se hayan pasado;

pero el yerro es tan grotesco

que una especie “superior”

lo venderá como acierto.

Ora marcho;

si me dejan, ora vuelvo;

tengo edad y ya es verdad

que es mi tiempo de soñar

y tener tranquilidad,

pero no puedo aguantar

por la cruel incertidumbre

de quienes vienen detrás:

mis tres hijos, cuatro nietos

y un gentío descomunal

que, indignado, veo clamar.

¡Se barrunta solución, y seguro llegará!

doctorpoeta

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