Escalando la roca hacia el orgullo,

una sombra, en mi ayuda,

 me seguía;

en el claro azul, aireado por la

brisa,

el ave augusta, investida, en alto

vuelo,

con su porte, en el reclamo,

me decía:

el acceso al orgullo, tan arriba,

sin excusas, necesita:

plan de acceso, bien tramado en el

planeo;

suavidad en el gorjeo de la  

autoestima;

timonera, con el rumbo sin deriva

y la estela, que va soltando el

aleteo,

sea preclara y se divise, sin rodeos,

desde el mérito y honor, hasta el cénit

de la dicha.

doctorpoeta

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