
TRANQUILO
Recostado en mi nube eludo el hedor del mundo; podría bajarme en un intento pero, tan cómodo y seguro, enguatado de algodón, levitando sobre alarmas y aversión, sin dudarlo, desisto; porfío por la quimera de fragancias y de sueños y me confino en el mito, donde huele a redención.
Podría decidir mi libertad el retorno a lo que fue mi edén, movido por la añoranza pero, de soslayo, diviso el nadir contaminado por el ruido, el trajín, la tristeza, el enojo y, abrumado, por neblina irrespirable.
Prefiere mi alma quedar en su remanso, a resguardo de lamentos y de preces, buscando su idilio en la trama de mi fábula aunque el curioseo, no del todo inevitable, le tiente a asomarse con prudencia y de reojo, a las vistas de la contrariedad.
¡Volad conmigo a mi cielo!
doctorpoeta
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