
Apreciar y ser apreciado no pueden ser consecuencia de chutes emocionales respondiendo a alguna vivencia concreta, impregnada de interés o esnobismo, ni la reacción con aplausos, más o menos efusivos o prolongados, aunque, no por ello, efímeros.
Tales sentimientos requieren de inoculación, lenta y progresiva, en las alforjas del alma dónde, alcanzada la adicción, el APRECIO se coloca como la mayor necesidad del ser humano.
doctorpoeta