Pura ley de la aleación:
plata vieja en mar de hiladas;
pasó la ninfa adorada
y un olivo se inclinó.
Y, con su savia de oro
a latidos rezumada,
con cadencia de balada,
un tributo, le pagó:
-“Pastira, mi reina mora:
decorada con la trama,
besa tu frente mi rama,
con la brisa de las olas.
De mi cántaro de amor,
óleo virgen consagrado,
unge tus pechos lozanos
y resalten de la flor.
Oro, plata y esmeraldas
brillan sus ojos, al sol.
Fina joya repujada,
que la campiña lució.
¿Orfebre? ¡La tierra mía!
remozada de labor;
riego de sudor bravía
y abonada de pasión.
En Jaén, cuando mayea,
lleva el aire una canción;
y suenan, cuando alborea,
las notas de un melenchón:
-“Chirri noble, pecho abierto,
celoso, se resignó;
y, a la puerta del convento,
su desengaño,llamó.
doctorpoeta