Yacer, porque es «normal»,

no es asentimiento;

es complicidad alevosa.

He sufrido, compartido,

un brusco espasmo,

que, al distar de placentero,

no he quedado, en absoluto,

desahogado.

Sin dulzura, el «himeneo»,

provoca hastío,

sensación de estar vacío

y, también, nudos de asco.

Me abalanzo, con premura,

hacia el lavabo,

a enjuagarme el, disoluto,

desencanto.

doctorpoeta

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