
Florecerán las rosas, tan sutiles,
a pesar de la escoria del parterre
y la pugna entre arbustos de espinas.
Acuciante es reponer de buena tierra
los bancales, donde crezcan
las sonrisas;
¡que agua clara, sea su riego;
que el limpio sol sea caricia
y que el viento, que es azote,
role a brisa!.
Liberado de cardos y pedruscos,
de la angustia y del hedor
a cieno oscuro,
el rosal dará su flor,
que, con su aroma y color,
fatua, gestará su fruto.
doctorpoeta
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