
¡Sueño, no vendes mis ojos,
cuando me bese mi hada;
estremezco
con sus labios, en mi cara
y no preciso de tu calma,
del letargo y de tu trama,
para vivir un ensueño:
La pasión, en carne y hueso
y, el fuego de su mirada,
harán elevarme al cielo,
sin su varita de magia.
doctorpoeta, despierto