
¡QUE VIENE!
Cuando llega a mi casa deseo
que mis ojos cerrados se aparten
y que el cinto, apretado, no caiga,
Es que riesgo acechante presiento,
por exceso abusivo de carga,
de que el pecho me estalle en pedazos.
Como, nunca he logrado evitarlo,
me he propuesto, en la vida, no hablarle,
si es que no se me rompen las venas
del cuello,
cuando tanto silencio no aguante
y que ella, de hablarme, no pare.
doctorpoeta
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