
¡Viejo amigo, soy todo tuyo!
y te lanzas a «abrigar»
el pasado de mis canas,
con tu «manta» de arrogancia.
Quedamos en la terraza
a la vista de quien ve;
al oído de tu charla,
presumes de tu memoria
que recuerdo poco o nada;
y mi atención se resbala,
abrumada en tu oratoria,
por el sorbo de tu caña,
por un «taco», que se escapa,
y el salir de tu garganta,
el humo que no me engaña.
Y, enardecida tu habla
al frente de la batalla
queda, la mía, en retaguardia
y contesto con pesar,
entre tragos,
que me amargan,
bien de humo o de cerveza,
de tu pipa o de mi caña;
campa mi oído a su avío,
cuando sacas del archivo,
tus luces contra mis sombras;
varapalo a mi autoestima,
que podría quedar jodida
aunque, sabes y no nombras,
el talante de mi fama.
A la hora de pagar,
me sorprendió tu escapada
con la excusa de orinar;
vino hacia mí el camarero,
y el montante me dejó
famélico el monedero
y la sien para estallar.
doctorpoeta
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