
Lenta y larga fue mi anosmia,
que, perfumes despreciaba
y la voz, por la mímica, explicaba
la mordaza, que la mucosa, de las fauces;
apretaba.
Hacía frío
y a los ojos y la a vista,
les vostaba la mirada;
el reojo, les traía
vivos reflejos del río,
donde las flores y trinos,
y el camino, hacia la casa,
pareció que se acercaban
y la refracción de un árbol
con el baile de una rama
al ritmo del ruiseñor
que cantaba de mañana.
Fue, sin duda, que hubo magia;
pero es, buen gusto y belleza,
lo que necesita el alma.
Y tú, que me estás oyendo,
asientes con la mirada;
me enardece tu sonrisa,
cuando vuelve la templanza
y me indicas con tus manos
que tu alma está colmada.
doctorpoeta
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