
La instrucción adecuada llevaría a considerar la sexualidad como un bien preciado de utilización tan audaz, como razonable; tan sugestivo, como mesurado. Como un plato suculento sobre el mantel de la existencia al que no hay que devorar, sino degustar. La ingesta, para ser restauradora, debe realizarse marcando los tiempos fisiológicos del proceso digestivo, despacito, masticando bien para conseguir la transformación del estímulo en increíble sensación, evitando la pesadez, la acidez, la flatulencia y el eructo inoportuno.
doctorpoeta
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